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martes, 1 de marzo de 2011

Voy a echar un cable con el manuscrito Voynich

Intento de Justinus Kerner para descifrar
los escritos de Frederica Hauffe
Mi buen amigo Javier Cavanilles ha escrito una excelente entrada sobre este famoso libro. Como si escribo todo esto allí iba a ser un comentario más que largo prefiero hacer mi propia entrada para no dar el palizón en su blog. El misterioso manuscrito siempre ha sido englobado dentro de los temas paranormales, aunque nunca he sabido muy bien por qué. Es precisamente en este tema en donde podemos encontrarle una explicación, aunque no sea precisamente muy paranormal.

La verdad, este manuscrito nunca me sorprendió demasiado, al haber visto otros escritos semejantes. Para comprenderlo tendré que adentrarme en el mundo de los espíritus, pero no os asustéis, no os contaré una historia de terror.

El espiritismo y su estudio no comenzó con las hermanas Fox en 1847 en los Estados Unidos como suele afirmarse, empezó mucho antes en Alemania con la Vidente de Prevost, cuando Justinus Kerner investigó a una chica llamada Frederica Hauffe que padecía trastornos psíquicos producidos por un tumor cerebral. El libro que escribió Kerner (1829) fue plagiado con todo descaro por los posteriores espiritistas y las características de Hauffe pasarían a ser adoptadas por las médiums.

Comparación de un "mándala" Voynich
con uno de la Vidente de Prevost
Una de las características era la escritura automática. Hauffe recibía las supuestas comunicaciones de los espíritus y las plasmaba en una escritura que sólo ella comprendía. Al igual que el manuscrito Voynich, los escritos de Hauffe iban acompañados de dibujos centrados en la sanación, curiosamente acoplados a su tiempo, concretamente en artefactos similares a los de su época que canalizaban las energías; aparatos que no existían, claro, aunque llegó a dibujar otras muchas cosas. Entonces la electricidad parecía poder arreglarlo todo.

El pobre Kerner se devanó los sesos intentando descifrar la escritura. Obedecía ciertas normas, parecía usar consonantes y vocales, pero su esfuerzo fue inútil, aquella escritura no era más que un producto de los contenidos mentales de una chica gravemente enferma.

Si hasta aquí ya encontramos similitudes entre el manuscrito Voynich y los escritos de Hauffe, aún aparecen más cuando comparamos otro tipo de dibujos comunes a los dos. Se trata de formas circulares que en ocasiones llegan a tener aspectos muy “técnicos”. Uno de los padres de la psicología, Carl Gustav Jung, dedicó buena parte de su trabajo a estudiar a pacientes que veían e incluso dibujaban estas formas circulares, llegando a la conclusión que cuando la mente tiende al desorden los esfuerzos por reorganizarse hacen surgir estas formas en visiones, estados alterados o sueños. Son los llamados mándalas, y tanto el autor de Voynich como Hauffe los dibujaron.

Si vemos los escritos de Hauffe y sus dibujos tenemos un manuscrito Voynich del siglo XIX en vez del XV. Las obras son idénticas: una escritura indescifrable, preocupación por la sanación, dibujos de lo que puede conseguirlo (uno plantas y baños, otro máquinas) y formas circulares. Lo más impresionante de Voynich es su antigüedad, no su contenido. En una época en que poca gente sabía escribir, con indiscutible arte alguien plasmó en un libro lo que siglos después sería común en médiums y videntes.

Podríamos darle los escritos de la Vidente de Prevost al más afamado investigador de la CIA, ni usando el programa más efectivo sería capaz de descifrar su escritura. También podríamos darle las máquinas que dibujó al mejor ingeniero de la NASA, el resultado sería similar. Espero que si dentro de varios siglos alguien encuentra los papeles de Hauffe no líe la misma que hemos liado en la actualidad.

7 comentarios:

Piedra dijo...

Desde ese punto de vista, también se podría argumentar, que solo determinados cerebros, que no funcionan del modo en que deberían hacerlo, bien por una enfermedad, física, psiquica o una capacidad especial y no compartida por el resto, son los únicos capaces de tener consciencia de una realidad alternativa que puede que nos rodeé.

Los antiguos griegos pensaban que en algunas clases de demencia, ciertas personas podían entrar en contacto con dioses o intuir su mundo, quizás esos que llamamos locos, tengan realmente la capacidad de ver algo que nadie mas puede y ni ellos mismos pueden entender, pero que es real.

Zorglub dijo...

Que pena no haberlo sabido antes me hubiera quedado salido mucho mejor

Zorglub dijo...

si llego a saber esto el artículo me hubiera quedado mil veces mejor!!!! Maldito seas

Paco Máñez dijo...

¡Glup! No recuerdo si te comenté alguna vez el tema :)

María José dijo...

"Se trata de formas circulares que en ocasiones llegan a tener aspectos muy “técnicos”. Uno de los padres de la psicología, Carl Gustav Jung, dedicó buena parte de su trabajo a estudiar a pacientes que veían e incluso dibujaban estas formas circulares, llegando a la conclusión que cuando la mente tiende al desorden los esfuerzos por reorganizarse hacen surgir estas formas en visiones, estados alterados o sueños. Son los llamados mándalas" (sic)

Eso díselo a los budistas tibetanos y verás lo que te dicen. El estudio de los mándalas, es sumamente serio y hay que estudiarlo muy despacio, tan despacio como que muchos años...para saber de lo que hablamos ;-)

Paco Máñez dijo...

No era plan de hacer aquí un estudio profundo de los mándalas.

la mentira dijo...

Saludos Piedra. Coincidimos en todos los blogs.