Analizer

martes, 4 de enero de 2011

¿Una casualidad periodística?

Hace unos días apareció una noticia aparentemente tonta, las series como Bones y Mentes criminales están influyendo en los juicios, los tribunales populares y los abogados defensores exigen cada vez más que las pruebas sean científicas, este hecho llamado “efecto CSI” supone interminables retrasos en la administración de justicia. Cuando lo leí no sabía si girar la cabeza hacia la izquierda o la derecha para entenderla mejor, porque exigir más pruebas científicas me parecía de lo más lógico. Me quedé un poco mosca ¿Tendría truco la noticia? ¿No tenían nada mejor que publicar? ¿Les faltaban noticias en plena crisis global?
La noticia apareció entorno al 25 de diciembre, hoy aparece la historia de Rafael Ricardi un hombre que pasó 13 años por un delito de violación que jamás cometió. En 1995 lo mandaron de cabeza a la cárcel y… ¡cinco años después las pruebas de ADN demostraron que él no había sido! No hace falta deciros que no valió para nada la prueba científica, pues pesaba más el testimonio de la víctima. Tuvieron que pasar 8 años más para que fuera puesto en libertad tras detener la policía a los verdaderos culpables y 2 años más para cobrar la indemnización. El 31 de diciembre de 2010 el Banco de España transfería a su cuenta 555.600 euros, aunque su abogada pedía 10 millones, pero Rafael Ricardi no quiere más juicios sólo desea pasar página. En parte es comprensible.
¿Cómo pudo condenarse a un inocente? La historia parece sacada de una película mala de la serie B. En la sentencia se puede leer que "se han encontrado todos los alelos correspondientes al semen del acusado" mientras que en el informe presentado no pone nada de eso. La mejor prueba que tenía la fiscalía era el testimonio de la víctima, la mujer fue capaz de reconocerlo en 6 fotos pese a que los hombres iban encapuchados. La demostración más contundente de su culpabilidad fue que Rafael padece de estrabismo como uno de sus agresores.
Al final me parece que sí tenía truco la noticia del “efecto CSI”, ya no me creo estas aparentes casualidades de la prensa. La noticia apareció días antes de darse a conocer el pago de la indemnización a Rafael Ricardi, que como era de esperar ha hecho recordar al público uno de los casos más famosos en España, en donde la justicia se olvidó de hacer caso a la ciencia.
Ahora nos dicen que entre otros efectos “el CSI” hace que los abogados defensores “confían demasiado en las pruebas y elevan los procesamientos”. Y digo yo ¿De no ser en las pruebas en qué tiene que confiar un abogado?

5 comentarios:

César Gorín dijo...

en esta vida no existen las casualidades, todo tiene un por que, y muchas veces no vemos el movimiento del peón haciendo jaque por que nos llama mas la atención el jaque de la reina.

Anónimo dijo...

Paco, es que la justicia es a veces un poco indecisa.
Mira por ejemplo el caso de Fabra, han prescrito sus delitos de falsedad documental, delitos fiscales, etc simplemente por que a nadie se le ocurrió paralizar el tiempo de prescripción, pero claro, no lo harían adrede...
En cambio el bueno de Fabra pone una denuncia por que han realizado papeletas de la loteria con su cara -le ha tocado 8 veces-, y en pocos dias tenemos sentencia retirando estas papeletas, si todo fuera tan rápido.....

Paco dijo...

No me hables de Fabra que me tiene contento el amigo. Encima se hace construir una estatua a sí mismo en el aeropuerto de Castellón.

Jose Luis Tajada dijo...

Personalmente creo que la manipulación a la cual estamos sujetos últimamente por los medios ya roza lo impresentable. Como esto siga así, al final conseguirán lo que se proponen, hacer lo que les salga de las bolas por Real Decreto y encima que aplaudamos.

Piedra dijo...

No hay que confundir la ley con la justicia.

Ni creer en aquello de que todos somos iguales ante la ley.

Conozco casos concretos en que, con la paranoia actual de la violencia de genero, algunas mujeres se aprovechan para desplumar al marido, después de maltratarlo durante años, viene a cuento de que los testimonios sin pruebas físicas, se toman por absolutamente válidos en determinadas ocasiones y se deja de lado la presunción de inocencia.

Ante errores como estos, no es la sociedad, todos nosotros, los que tendríamos que indemnizar al afectado, sino el juez y los que metieron la pata (quien dirigió la investigación, si es que la hubo)y destrozaron la vida de uno de sus semejantes.